jueves, 22 de noviembre de 2012

'Acercándonos a Dios'' (Éxodo 20:18-26)




La manera que Dios se manifestó en el monte Sinaí fue tan impresionante, que el pueblo de Israel tuvo mucho miedo (v.18).  ¡No se sentían tranquilos de hablar con Dios (v.19)!  La presencia de Dios resaltó su pecaminosidad, y tuvieron miedo de morir por ello (ver Is 6:5).  Pero Dios no los quería matar; lo que quería hacer era probarlos (ver Éx 15:25), enseñarles a temer a Dios, y a no pecar (v.20).

Tristemente, el pueblo no quiso acercarse a Dios (Juan 3:20).  Más bien, se alejó de Él; y fue Moisés quien tuvo el privilegio de hablar con Dios (v.21).  Sin embargo, hablar con Dios (en ese momento) exigió entrar en “la oscuridad en la cual estaba Dios” (v.21b); es decir, entrar en la nube espesa que cubría la montaña.  Debió haber sido una experiencia pavorosa para Moisés.

En los v.22-26 tenemos un resumen de lo que Dios le dijo a Moisés en ese tiempo.  ¡Todo tiene que ver con la adoración!

  1. Hay que adorar a Dios exclusivamente (v.22-23).  ¡Él no tolera rivales!  Dios es celoso, en el buen sentido de la palabra (v.5; Éx 34:14; Deut 4:24).

  1. En la adoración, los elementos humanos deben ser reducidos a lo mínimo.  El altar debe ser de tierra (v.24), o de piedras no labradas (v.25).  ¡Todo debe apuntar a la grandeza de DIOS, y no a la ingeniosidad o creatividad del hombre!

  1. La manera en que los sacerdotes se acercaban a Dios tenía que ser discreta (v.26).  ¡Nada debía distraer la atención de los adoradores!   La mente de todos tenía que estar puesta en Dios, en una concentración total.

REFLEXIÓN: ¿Respetamos estos tres principios en nuestros cultos – cuando 
nos acercamos a Dios para adorarle?  ¿O será que tenemos otros ‘dioses’ en nuestros corazones?  ¿Adoramos a Dios conforme Él lo manda, o según nuestra creatividad?   ¿Nos concentramos exclusivamente en Dios, o somos distraídos por otras cosas o personas (en el culto)?

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