jueves, 18 de octubre de 2012

'Las Características del Nuevo Hombre' (Efe 4:17-32)



El creyente es una persona que ha experimentado la tremenda gracia de Dios (Efe 2).  Por consiguiente, tiene la responsabilidad de vivir una vida trasformada.  Esa transformación se manifestará, primero, en su vida de iglesia (Efe 4:1-16); pero también debe manifestarse, en su vida personal, en la sociedad.  Este es el tema que Pablo trata en Efe 4:17 – 5:20.

Pablo retoma, del v.1, la idea fundamental de vivir dignamente, como hijos de Dios.  Ahora lo pone en forma negativa: “ya no andéis como los otros gentiles” (v.17).  La manera en que los ‘gentiles’ viven refleja su condición espiritual: andan “en la vanidad de su mente” (v.17b), tienen “el entendimiento entenebrecido” (v.18a), son “ajenos a la vida de Dios” (v.18b), y hay una “ignorancia…en ellos” porque tienen corazones endurecidos (v.18c); además, “perdieron toda sensibilidad” espiritual (v.19a).  Por eso los inconversos se entregan a una vida de ‘placer’, cometiendo “toda clase de impureza” (v.19b).  Pablo está describiendo la vida en Éfeso hace 2,000 años, pero suena muy familiar.  La gente hoy en día vive en la misma manera, porque están en exactamente la misma condición espiritual.  Pueda que el ser humano haya avanzado mucho tecnológicamente; pero, moral y vivencialmente, no ha cambiado en nada.

El creyente es una persona que ha sido radicalmente transformada por el poder de Dios.  Pero debe evidenciar esa transformación interna, por medio de una transformación externa – en su comportamiento.  ‘Si en verdad han aprendido el evangelio’ (v.21), dice Pablo, ‘deben despojarse del “viejo hombre” (v.22a), y deben vestirse del “nuevo hombre” (v.24a)’.  El “viejo hombre” es la vieja naturaleza.  Ella tiene impulsos muy fuertes; pero no se puede confiar en esos impulsos, porque el ‘viejo hombre’ está “viciado conforme a los deseos engañosos” (v.22b).

Lo que el verdadero creyente debe hacer es renovar su forma de pensar (v.23), y aprender a comportarse conforme a los impulsos del “nuevo hombre” (v.24a).  Esos impulsos sí son confiables, porque el ‘nuevo hombre’ ha sido creado por Dios, y sus impulsos (deseos) son caracterizados por “justicia”, “santidad” y “verdad” (v.24b).

El apóstol procede a detallar ciertas áreas de comportamiento, que en una sociedad como la de Éfeso era imprescindible enfatizar:

-         Hablar la verdad, no la mentira (v.25).
-         No guardar resentimiento y enojo (v.26-27, 31).
-         No robar, sino trabajar para ser generosos (v.28).
-         No hablar palabras corruptas (v.29).

En términos generales, los creyentes deben ser buenos con los demás (v.32), y no entristecer al Espíritu Santo (v.30a), porque es por medio del Espíritu Santo que los creyentes son “sellados para el día de la redención” (v.30b).  El ‘sello’ indica que somos verdaderos creyentes, y nos da la seguridad de nuestra salvación (ver Efe 1:13-14).

REFLEXIÓN: El ‘mundo’ necesita mucha bondad, misericordia y perdón (v.32).  El creyente es la única persona que puede ofrecer estas cosas, gracias a la tremenda obra de salvación que Dios ha hecho en él.  Lo triste es que demasiadas veces estas cosas brillan por su ausencia en la misma Iglesia.  ¿Qué estamos haciendo nosotros para promover las cualidades de bondad, misericordia y perdón, donde vivimos y trabajamos?

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